******
El Caballo de Agua es un Monumento Histórico Nacional y desde el año 2004 se encuentra instalado en la Escuela de Ciruelos, específicamente a un costado del Museo del Niño Rural. Este artilugio fue construido en Inglaterra por la firma Stothert &Pitt en 1890.
Según cuenta el mismo, la iniciativa de rescatarlo fue gestada por el profesor de la escuela, Carlos Leyton Labarca y tuvo su origen basada en la realidad de ese momento, en que todo el ramal ferroviario desde Peralillo a Pichilemu, había sido vendido a una empresa extranjera, y ésta quería recuperar su inversión llevándose todo lo que fuera posible de ser trasladado, desde los clavos, pernos, durmientes, rieles, etc.
En esta iniciativa participaron los alumnos, y se contó con la colaboración de la empresa privada, en este caso Forestal Ciruelos, que ayudó en el traslado del caballo y uno de sus estanques hasta Ciruelos. Seis meses duraron los trámites desde que se inició el proyecto hasta su concreción. Se solicitaron autorizaciones al Consejo de Monumentos Nacionales, a la Empresa propietaria del fundo que permitía el acceso a la línea del tren en la estación El Lingue y a Ferrocarriles del Estado.
El traslado duró aproximadamente una semana, desde el momento que se inició el proceso de desmontarlo de su base y bajar el estanque del cerro a nivel línea, la reparación del camino con una retroexcavadora, el traslado al lugar de dos camiones autocargantes y un vehículo de apoyo con personal para trabajo con oxígeno para realizar los cortes necesarios en el acero. Cargar ambos elementos, trasladarlos por pésimos caminos y bajarlos en la escuela para su instalación.
El Caballo de Agua se instaló sobre bases construidas exactamente iguales a las originales con pernos de anclaje y el estanque se instaló en la ladera del cerro ubicado detrás del museo, utilizando una rampa de madera construida en base a dos largos troncos de eucaliptus de 30 metros de largo cada uno. Para subir el estanque se emplearon grandes rondanas facilitadas por la empresa CELCO Constitución y se utilizó la fuerza de un skider facilitado por don Eduardo Parraguez para que tirara hacia abajo, mientras las piolas y rondanas hacían que el estanque subiera lentamente hasta su actual ubicación. Una proeza sacada se la película «Mazada». Varios años después, aún se transforma en un misterio para los que visitan el Museo, el descubrir como un objeto de tales características pudo llegar a ese lugar. Su instalación contempló que vierta agua, como lo hacía durante su vida útil permitiendo que las locomotoras como animales sedientos se refrescaran es esos años con su fresca agua de las vertientes.
El caballo de agua servía para cargar agua a las locomotoras que luego se transformaba en vapor gracias al calor producido en las calderas por el carbón que llevaban los trenes en un carro llamado tenden.
Hoy día este monumento es posible apreciarlo en toda su magnificencia como mudo testigo de un tiempo que ya no volverá.